En la era de la digitalización, las finanzas embebidas están desdibujando los límites entre bancos y plataformas no financieras, ofreciendo experiencias digitales únicas al usuario. Al integrar servicios como pagos, seguros o inversiones directamente en aplicaciones de retail, movilidad y marketplaces, se acelera el acceso a productos financieros sin necesidad de salir del entorno habitual de consumo.
Esta tendencia, impulsada por avances tecnológicos y cambios en la regulación, inaugura una nueva etapa en la que la inclusión y la personalización se convierten en pilares de la propuesta de valor.
Las finanzas embebidas consisten en la incorporación de servicios financieros dentro de aplicaciones o plataformas digitales de empresas no bancarias. Lo innovador radica en que el usuario no percibe la complejidad técnica ni los procesos tradicionales de un banco, sino una experiencia integradora y fluida.
Inicialmente centradas en los pagos digitales y transferencias, hoy abarcan créditos al instante, microseguros, inversiones automatizadas, tarjetas virtuales y herramientas de gestión de presupuestos. El desarrollo de APIs y el modelo Banking-as-a-Service (BaaS) han sido determinantes para su expansión rápida y rentable.
Esta revolución conlleva un abanico de beneficios tanto para empresas como para usuarios. En primer lugar, las plataformas no financieras hallan nuevas vías de monetización y fidelización, mientras los consumidores disfrutan de una experiencia integrada.
Por su parte, los usuarios reciben:
En el sector retail, al llegar al checkout de una tienda en línea, el cliente puede elegir pagar en cuotas o contratar un seguro de envío instantáneo. En apps de movilidad, los conductores acceden a adelantos de sus ganancias sin trámites externos. Por su parte, los marketplaces gestionan cobros y aseguran las transacciones entre vendedores y compradores dentro de la misma plataforma.
Las super apps en mercados como Asia y América Latina ejemplifican el potencial: combinan compras, pagos, inversiones y préstamos sin cambiar de interfaz, consolidando un ecosistema financiero completo.
La piedra angular técnica son las APIs, que permiten orquestar servicios financieros de bancos o fintechs desde una interfaz de terceros. El modelo BaaS facilita que la parte regulada (entidad emisora) asuma el riesgo y la responsabilidad de cumplimiento normativo, mientras la plataforma se centra en la experiencia del usuario.
En términos de compliance, la entidad financiera mantiene la gestión de KYC y AML, pero las plataformas colaboran en la recolección de datos, simplificando procesos y acelerando la incorporación de nuevos usuarios.
El crecimiento de las finanzas embebidas ha sido exponencial. En 2020, el volumen global alcanzó $22,500 millones USD. Se estima que para 2025 superará los $230,000 millones USD, multiplicándose por diez en menos de cinco años.
En América Latina, países como Brasil y México lideran la adopción gracias al impulso del open banking y regulaciones favorables que fomentan la competencia y la innovación.
A pesar del avance, existen retos por superar. La educación del usuario es clave: muchos aún desconfían de procesos financieros automatizados. Asimismo, las diferencias regulatorias entre jurisdicciones pueden frenar la expansión regional, requiriendo alianzas con entidades locales.
La ciberseguridad y la protección de datos personales constituyen otro punto crítico. Garantizar la integridad de la información y mantener la confianza del usuario son fundamentales para la sostenibilidad del modelo.
La tendencia apunta a una total integración de la gestión del dinero en la vida digital de las personas. Los productos financieros tradicionales se reemplazarán por servicios contextuales incorporados en cada etapa del recorrido del cliente, desde la compra de un boleto de transporte hasta la planificación de inversiones a largo plazo.
Este enfoque democratizará el acceso a créditos, seguros e inversiones, especialmente en mercados emergentes, contribuyendo a reducir la brecha financiera. El papel de los bancos evolucionará hacia proveedores de infraestructura, mientras plataformas de todos los sectores asumen el rol de punto de contacto directo con el consumidor.
En definitiva, las finanzas embebidas marcan el inicio de una nueva era donde el dinero deja de ser un producto aislado para convertirse en un servicio transversal, siempre disponible y alineado con nuestras necesidades diarias.
Referencias